Carla de Oyarbide

Si supiera lo que quiero escribir, lo escribiría. Pero como no sé qué quiero escribir, escribo sin saber qué quiero escribir. ¿Por qué uno tiene que escribir sabiendo lo que quiere escribir?

Es lo mismo: ¿por qué uno tiene que caminar sabiendo a dónde quiere ir? Tantas veces he salido sin rumbo, he salido sin pensar, dejándome llevar por mis pies, que ellos decidieran a dónde querían ir, sin poner el pensamiento de por medio… y a algún lado he llegado (y siempre he regresado, lo más importante).

Ahora está sucediendo exactamente lo mismo: son mis dedos los que escriben, sin pensar, sólo dejo que ellos digiten y, no está mal… es un buen ejercicio, singular por cierto, pero lo mejor de todo es que es… puramente orgánico, mecánico, contrario a la lógica, a todo lo que se espera que tiene que ser, a lo que me enseñaran en la escuela, a lo que me metieron en la cabeza desde chiquita… ¿vieron? Nosotros también podemos proponer (mis dedos), tenemos vida propia y podemos actuar sin vos (palabras dirigidas a mi cerebro)…

Sólo puedo verlos desde aquí arriba –ahora son mis ojos los que expresan-, los veo moverse velozmente sin importarles si nosotros estamos o no de acuerdo con lo que hacen… ojalá nosotros también podamos hacer lo que ellos… Aunque, ¿saben?, nosotros también somos libres, y un tanto rebeldes, muchas veces cuando los pies salen sin destino alguno, nosotros también miramos a dónde queremos… si se nos antoja hacerlo hacia adentro, así lo hacemos (debe ser muy cómico ver ése cuerpo torpe caminar con los pies frenéticos y los ojos en blanco, ji ji ji). Además, solemos practicar otras miradas –estos humanos están tan acostumbrados a mirar linealmente, de una sola forma, son tan monótonos y aburridos, que no saben lo que se pierden- a veces, miramos sin ver, otras nos enfocamos en algún detalle en particular: una nube, un pájaro arriba de un cable de teléfono, un hombre que viene allá a lo lejos, o miramos en 360 grados, periféricamente, es genial, es tan, tan, tan divertido… tontos humanos no saben lo que se pierden.

Bla, bla, bla, ja, ja, jo, auch, ton, plahn, djiraod, noikj, dalé articula lo que quieras vos también… gritá si querés o murmurá, total, la autoridad (el cerebro) no te va a decir nada, no ahora. No tiene que tener sentido, no te preocupés, ajkdoji, jidofjqjkf, jdierdjisjm, reaidnaw…

¿Sentido?... ¿lenguaje? No es más que adquirido (como todo lo que ven, como todo lo que se supone que soy)… algo, llámese herramienta o medio o conjunto de signos, necesario para comunicarse (a veces, no cumple con su cometido…) Sí, hoy no quiero comunicarme con el afuera, hoy me “comunico” de alguna forma con vos, o, mejor dicho, dejo que vos te expreses: dedos, pies, ojos, boca, estómago, corazón, hígado, tejido cutáneo, célula, con todos ustedes, menos con vos: cerebro. A vos hoy te doy el día libre… pásala bien, salí, paseá, tomá aire, te va a venir bien…

Juro que no sabía lo que iba a escribir, nada fue planeado, fue todo vomitado de un tirón y, para respetar mi mandato primero, así queda… fueron ellos (mis dedos) los responsables, por ende, no acepto ningún tipo de pedido de explicación, reprimenda o reclamo alguno… no fue más que un ejercicio, de prueba, de vagabundeo, de desestructuración…