Carla de Oyarbide



Sólo es una vieja fotografía... que ya ha perdido parte de su momento de espontaneidad.
Sólo un sol menguado o una luna entre nubes... sólo un vacío rellenado o un relleno vaciado.
Era esa tarde en otro lugar, en otra ciudad, en una habitación no propia, junto a aquella compañía querida... Hoy, ya partida...
Era eso, y era yo con vos en el espejo.
Aunque hoy ya no estés, aunque hoy ya ni siquiera esté el destello fugaz del flash que tomó la foto -detrás aún veo tu ojo-, ya lejano, pasado, como el calor en mi mano, como el llanto que me observa desde una habitación no propia, desde una cama vacía, desde un recuerdo plasmado en el matiz extrañado de esta vieja fotografía.

Carla de Oyarbide


Ponerse en Pie, otra vez en la radio... esta vez, nuestra vocera: Claudia Grollino.
Carla de Oyarbide
Carla de Oyarbide
En La Nación.como salió publicado un artículo -entretenido, al menos- sobre la relación entre las computadoras y sus usuarios -es decir, cualquier ser humano que se siente enfrente de una e intente ordenarle, ordenarla o desordenarla...
Estos son los 10 tipos de usuarios de computadoras de acuerdo a este columnista de La Nación... que no encontré la nota original para poner su nombre, jeje.

Puesto N° 1, el Impulsivo . Fuera de Bill Gates, Steve Jobs o Larry Page, son los tipos más informados en novedades tecnológicas del Sistema Solar, y no pueden esperar a comprar cada nuevo aparatito cool que sale. Tienen la primera versión hasta de los naipes para Truco, y su naturaleza, algo histriónica y exhibicionista, los lleva a presumir frente a todo el mundo su recién adquirido MP3 translúcido; el celular que levita, recién llegado de Miami, o su flamante cámara digital con Detector de Sonrisas Sinceras (DSS). No obstante, su interés en cada modelo dura menos que el plan de pagos en el que entró para adquirirlo.

Puesto N° 2, el Tecnoboy . Un clásico bien conocido, y de sobra sufrido por madres y novias. Es fácil de detectar porque el gabinete de su computadora brilla con neones varios, como un micro de larga distancia, sus zapatillas tienen cordones de fibra óptica, y sus gafas no sólo detectan señales Wi-Fi, sino que son capaces de navegar por la Web con un browser Java incorporado. Eso sí, pese a tanta tecnología, son incapaces de mantener ordenado sus escritorios y cuartos.

Puesto N° 3, el Hacker . Se siente el dueño de esto. A fin de cuentas, nadie sabe más que él de tecnología, nadie entiende nada, son todos unos bobos víctimas del sistema que los hipnotiza con sus espejitos de colores digitales y les lava el cerebro para que consuman sin parar. El, por el contrario, tiene la posta. Además de la posta, tiene dos iPhone, tres Mac Book (una es la Air), nueve PC de última generación en red Wi-Fi, tres subnotebooks, tres servidores blade, tres líneas de celular con cuatro terminales cada una, dos pantallas LCD de 26 pulgadas, cinco cámaras de fotos, dos filmadoras (una con MiniDV y otra con DVD), cinco reproductores de DVD, dos home theatre, alrededor de 40 ratones, 16 teclados, tres webcam, dos volantes con pedales, un joystick, 39 gamepads (dos no andan), y una tortuga llamada "Steve".

Puesto N° 4, el Pragmático . Para él, los dispositivos electrónicos son sólo herramientas. No encuentra ninguna diferencia entre un iPhone y un cepillo de dientes. Maltrata equipos, si no hacen todo lo que él quiere en el escaso tiempo que sus incontables tareas le dejan, y suele impacientarse y bufar como un toro de lidia a causa de estas impertinencias de la electrónica. Ignora por completo la revolución social y cultural que han originado las nuevas tecnologías. "Esas son todas pavadas", asegura, y a su juicio Internet sólo sirve para enviar su currículum a más gente en menos tiempo. Es un ganador, y la notebook un simple escalón en su carrera hacia la cumbre. Suelen ser barridos de la cumbre por algún virus informático, pero ese es otro asunto.

Puesto N° 5, el Entusiasta . Al revés que al Pragmático, le encanta todo esto de la tecnología por la tecnología misma, pero suele internarse más allá de lo que le permiten sus rudimentarios conocimientos. Suele ser víctima de sus arrebatos técnicos y en esas instancias puede adquirir aceleradoras de video de 500 dólares para jugar al solitario, routers de 16 bocas para su única PC, antivirus certificados por Bromatología y paracaídas para el simulador de vuelo. Cándidos e irredentos, son, sin embargo, inofensivos y buenos amigos, sobre todo a la hora de hacer regalos, aunque conviene mantener un ojo sobre sus gastos de tarjeta de crédito.

Puesto N° 6, el Timorato . Está el que, simplemente, siente miedo de las nuevas tecnologías. Hay quien les teme a las arañas; otros, a la oscuridad, y ellos le temen a los dispositivos nuevos. Es la clase de persona que arranca su discurso con el experto diciendo: "Mirá que yo de esto no entiendo nada, ¿eh?", y de alguna forma esto no suena como una confesión de ignorancia, sino como una declaración de principios. Cuando nos piden ayuda, sus frases predilectas son "yo no toqué nada", "ayer andaba bien" y "no sé de qué me estás hablando". Logran a uno sacarlo de quicio, no porque ignoren algunos tecnicismos, que es derecho de todos, sino porque frente a una PC o un celular, la cámara de fotos o Internet sufren un bloqueo repentino que reduce su coeficiente intelectual a -35. Aún así, hay que decirlo, usan todos estos equipos, y suelen hacerlo bien. Pero son capaces de preguntar si para apagar la computadora hay que apretar el botón Apagar .

Puesto N° 7, el Terminator . Cargados con una energía tan especial como poderosa, no poseen una actitud antitecnológica, al menos no conscientemente, pero su experiencia de computadoras, monitores, celulares y teclados es un verdadero calvario, tanto como lo es para los equipos mismos. Sin que hagan nada, sus discos duros fallan, lo mismo que sus impresoras y antenas Wi-Fi; los DVD de su backup aparecen mágicamente en blanco y las tapas de sus notebooks se quiebran al segundo día de uso; las cámaras digitales, propias o ajenas, empiezan a exhibir una gran mancha violeta en un costado de las imágenes, y a los celulares les deja de funcionar el teclado. La ciencia intenta ubicar esta forma de energía en el espectro electromagnético, mientras los estrategas militares sopesan el valor que tendrían estas personas en un conflicto moderno. "La bomba atómica fue un picnic", comentó un experto luego de uno de estos experimentos.

Puesto N° 8, el Alérgico . "A mí no me hablés de computadoras, por favor." Esa es su frase de cabecera. Creen seriamente que el mundo estaba mejor antes de la informática, Internet y los celulares. Nostálgicos de la baquelita y el vinilo, de la cuerda y el pedal, consideran que el progreso es una enfermedad, y ellos los únicos inmunes. Todo esto, hay que decirlo, es perfectamente lícito. Lo irritante es cuando se compran su primera computadora y te llaman para consultarte algo; suenan como si vos de alguna forma fueras culpable de que ellos no entiendan nada de nada. Dicen "¿Te puedo hacer una consulta?" con un tono muy parecido a "¡Alto o disparo!".

Puesto N° 9, el Torpe . No sin razón señala que las compañías de celulares, notebooks, handhelds, GPS y otros dispositivos portátiles jamás tienen en cuenta a las personas con manos grandes, o a los que son algo desmañados. Es cierto, las teclas son demasiado pequeñas. El Torpe, sin embargo, tiende a exagerar su dificultad con movimientos abruptos que inician funciones inesperadas, apagan redes corporativas, llaman a Mongolia o sacan fotos sorpresa en reuniones ultra secretas. Verlos es tan divertido como emocionante, mientras no tenga en sus manos nuestro iPhone.

Puesto N° 10, el Troglodita . Ni siquiera son alérgicos a la tecnología. Simplemente, en sus mundos no existe nada con menos de cien años de invención. Para cada avance, el troglodita tiene una excusa, lista para el siempre odioso amigo o pariente que les sugiere abandonar la estampilla o el Winco. A saber: el microondas produce radiaciones peligrosas; el celular importuna; la computadora tiene virus; Internet está llena de pornografía y estafadores; el freezer no sirve sin microondas; el CD no suena como el vinilo y el vinilo no tiene la magia del disco de pasta; el DVD y el VHS son una caricatura del cine; las fotos deben ser en blanco y negro, y para lo que hay que ver en la tele con la antena en el techo alcanza y sobra. Para ellos, el mundo no era mejor sin tecnología digital; simplemente, el mundo sigue siendo el mismo de siempre y toda esta moda de las computadoras pasará sin pena ni olvido.

Vía Yahoo.com.ar

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Carla de Oyarbide
Buenos Aires es una metrópoli que tiene de todo: con su fisonomía más europeizada, sus calles misteriosas, su obelisco, sus cafés y barcitos típicos, su tango eterno, su constante movimiento –tanto de día como de noche- y sus decenas de toques porteños más. Y Buenos Aires es también cultura, espectáculo y epicentro de la vida artística de la Argentina.

Y si decimos cultura, espectáculo y vida artística no podemos soslayar la avenida Corrientes: allí confluye, en gran medida y en toda su diversidad, el corazón bohemio de esta populosa ciudad. Desde los más importantes teatros de la capital argentina hasta paseos, galerías y restaurantes, toda la movida nocturna más luminosa pasa por los adoquines de esta arteria tan esencialmente porteña.

Avenida Corrientes, un símbolo de Buenos Aires

Les propongo dar un recorrido, escueto y virtual, por el primer tramo de esta gran avenida de Buenos Aires. La avenida Corrientes nace en la costanera del Río de la Plata, en la avenida Eduardo Madero, justo donde se localiza Puerto Madero, importante centro gastronómico.

Allí nomás, a unos escasos metros, en la intersección con la calle Bouchard está el famoso Luna Park, también conocido como el “Palacio de los Deportes”, cuya construcción se remonta al 1934 y que ha sido sede de los más grandes encuentros deportivos –entre los que se han destacado las peleas de boxeo- y espectáculos.

A sólo una cuadra de allí se puede visualizar el imponente Palacio del Correo Central, declarado Monumento Histórico Nacional en 1997 por su importancia arquitectónica. Desde el 2005 este edificio pasó a ser el Centro Cultural del Bicentenario –en conmemoración de los dos siglos que próximamente se cumplirán de la Revolución de Mayo en 1810-.

Al 200 se encuentra un emblema de la arquitectura modernista de Buenos Aires: el edificio Comega, el cual también fue erigido en 1934 y cuya fachada esta revestida íntegramente con mármol travertino. Unas cinco cuadras más adelante, sobre la calle Esmeralda, a pocos metros de Corrientes se encuentra uno de los teatros más importantes de esta ciudad porteña: el Maipo, tradicional sala de gran capacidad que ha crecido como punto de difusión del más auténtico “teatro de revista”. Hoy, da lugar a los más diversos espectáculos teatrales: todas las noches su escenario es lugar de recreación de comedias y dramas.

Al 800, otros dos gigantes se juntan: los Teatros Gran Rex y Ópera. El primero, con sus más de 3 mil localidades ha presentado las más exquisitas obras y musicales no sólo nacionales, sino también internacionales. El segundo, por su parte, data de 1871 –uno de los más antiguos-, aunque sufrió una reducción en su construcción en 1935 y, actualmente, tiene capacidad para albergar a 2.500 espectadores.


Teatro Gran Rex, Buenos Aires

Sólo una cuadra más, exactamente al 936, y encontramos otro tradicional teatro de Buenos Aires: el Nacional, sala en la cual, según cuenta la historia, cantó por primera vez Carlos Gardel en 1933.

En la intersección con una de las avenidas más anchas del mundo, la 9 de Julio, sobre la Plaza de la República, se erige en las alturas el emblemático Obelisco: con sus poco más de 67 metros de altura se ha convertido, desde su inauguración en 1936, en todo un símbolo de la ciudad. Este monumento se levantó con el objetivo de conmemorar el cuarto centenario de la primera fundación de la ciudad de Buenos Aires –de 1536-.

Si continuamos nuestro camino y seguimos en dirección ascendente, en la otra cuadra encontraremos otros dos teatros conocidos de esta gran capital: el Lola Memvibres y el Blanca Podestá.

El Teatro General San Martín, por su parte, se localiza al 1530 y fue, desde sus inicios, en 1943, una sala destinada a la difusión y fomento del teatro y demás producciones artísticas de la Argentina. Este complejo teatral es uno de los más importantes de la Argentina, actualmente cuenta con tres salas, la más grande de ellas tiene capacidad para más de 1.100 personas.

Interior del Teatro San Martín, Buenos Aires.

En la cuadra siguiente se ubica el Teatro Presidente Alvear: todo un clásico de la música y teatro argentinos. Su infraestructura es moderna y 1.000 las localidades con las que cuenta. Este teatro, el San Martín ya mencionado, junto con otros tres más –el regio, el de la Ribera y el Sarmiento, constituyen el Complejo Teatral de Buenos Aires, el cual está bajo la administración pública de la ciudad de Buenos Aires.

Más allá de estas bellas salas, la avenida Corrientes también es epicentro de una gran cantidad de bares y cafés a lo largo de sus cuadras: la confitería El Vesuvio data de principios del siglo pasado; el Café El Estaño, ubicado justo en la esquina con la calle Talcahuano, es un tradicional café tanguero –aunque restaurado no hace mucho tiempo-; La Paz, fue lugar de encuentro de intelectuales y bohemios, hoy también es frecuentado por artistas y escritores; o el Café La Giralda, que aún conserva sus antiguas mesas de mármol y madera, lo más recomendado para consumir aquí es un humeante chocolate caliente con churros.

También hay sobre esta avenida multitud de restaurantes y pizzerías, algunos de ellos también icono de Buenos Aires. El Foro, en la esquina con la calle Uruguay, al 1300 otro clásico: Los Inmortales; Banchero Centro –se dice que su primer dueño, fue el creador de la pizza fugazza con queso-; El Palacio de la Papa Frita; Pippo; El Gato Negro, entre otros muchos locales gastronómicos en los cuales se puede disfrutar de todo tipo de comidas rápidas y/o platos más elaborados, ideales para cenar o comer algo antes o después de las funciones teatrales que se exhiben a sólo pasos de allí.

Antes de llegar a Callao –otra avenida de relevancia de la ciudad- se encuentra un lugar semi abierto, que viene a constituir como una especie de pequeño pulmón con árboles en medio del cemento: el Paseo La Plaza. Este sitio, el cual abrió sus puertas en 1989, concentra varias salas de teatro, cafés, restaurantes y negocios comerciales en su interior.

Lo cierto es que la Avenida Corrientes continúa numerosas cuadras más, mucho más allá de Callao, para ser más específicos, se extiende hasta los bordes del cementerio de la Chacarita –en el barrio porteño homónimo- y sigue sorprendiendo con más locales comerciales, salas de espectáculos, bares y hasta el imponente Shopping Abasto.

Publicado originalmente en Dondeviajar.es