Carla de Oyarbide
"LAS RIMAS"

Tal vez muy pronto tendré que hacer la maleta para el gran viaje: de una hora a otra puede desligarse el espíritu de la materia para remontarse a regiones más puras. No quiero, cuando esto suceda, llevar conmigo como el abigarrado equipaje de un saltimbanqui el tesoro de oropeles y guiñapos que ha ido acumulando la fantasía en los desvanes del cerebro.(“Introducción Sinfónica” de las Rimas)

Podría decirse que las Rimas de Gustavo Adolfo Bécquer son la misma esencia de su ser, que por intermedio de esas palabras el poeta representa de forma simple, bella y musical sus amores, sus desengaños, sus dudas y miedos, su angustia, su hastío y su creciente relación de atracción con la muerte.

Si bien algunas ediciones actuales de las Rimas contienen hasta 84 composiciones, se cree, de acuerdo a estudios filológicos realizados por varios expertos, que algunas de ellas son apócrifas. Lo cierto es que en el manuscrito que Bécquer entrega en mano a su amigo y posterior editor, Narciso Campillo, y a la primera edición que sale allá por el año 1871, el número de poemas asciende a 76.

Tampoco la disposición de las rimas en ambos textos es la mismo, es Campillo junto con Ramón Rodríguez Correa, también amigo y prologuista del poeta, quién ordena y prepara la versión final que se envia luego a la imprenta.

El original, que actualmente se encuentra en la Biblioteca Nacional de Madrid, es un texto autógrafo de Bécquer titulado Libro de los Gorriones, allí figuran de su puño y letra aquellas rimas que fue reconstruyendo de su primer manuscrito -recordemos que se pierde en el saqueo e incendio producido en la casa de Luis González Bravo durante la revolución de 1868-, y otras nuevas composiciones que emanan de su fantasía y rico mundo interior durante los últimos años de su vida.

Se sabe que el momento de mayor inspiración literaria del sevillano es el comprendido entre los años 1859 y 1868, período que coincide, precisamente, con el de la escritura de sus Rimas. En esos casi diez años Bécquer da vida a esas inmortales criaturas poéticas tan llenas de su propio sentir, tan develadoras de su alma sufrida y curiosa.

Es necesario destacar que la importancia de las Rimas trasciende el placer que se experimenta al leer esas líneas directas, desprovistas de artificios innecesarios, que permiten adentrarse en el espíritu mismo de su autor, su relevancia estriba en haber sentado precedente en la literatura hispana, y universal: Bécquer es precursor de los simbolistas, y de la posterior renovación modernista de fin del siglo XIX. Su influjo repercute en varios escritores y poetas hispanoamericanos como los cubanos José Martí y Juana Borrero, el nicaragüense Rubén Darío, considerado padre del modernismo en Latinoamérica, el méjicano Manuel Gutiérrez Nájera, y hasta el mismísimo español Juan Ramón Jiménez.

El Amor es el tema central de las composiciones de este poeta enamorado, pero no es sólo amor a una mujer que, en la mayoría de los casos, es ideal, casi indeterminada, sino que es amor como el contenido mismo de la poesía, como su material supremo.

Carla de Oyarbide

Carla de Oyarbide
"Sólo hasta que se haya talado el último árbol, contaminado el último mar y muerto el último pez, el hombre entenderá que no se puede comer el dinero."

Carla de Oyarbide
Sencillamente... hermosa canción.




Sorry
Is all that you can't say
Years gone by and still
Words don't come easily
Like sorry, like sorry

Forgive me
Is all that you can't say
Years gone by and still
Words don't come easily
Like forgive me forgive me

But you can say baby
Baby can I hold you tonight
Maybe if I told you the right words
At the right time you'd be mine

I love you
Is all that you can't say
Years gone by and still
Words don't come easily
Like I love you I love you

Traducción:
Cariño, ¿puedo abrazarte?


Lo siento
Es todo lo que no puedes decir
Los años se han ido y todavía
Las palabras no vienen fácilmente
Como... lo siento, lo siento

Perdóname
Es todo lo que no puedes decir
Los años se han ido y todavía
Las palabras no vienen fácilmente
Como...Perdóname, perdóname

Pero puedes decir: -Cariño...
¿Cariño...puedo abrazarte esta noche?
quizás si te digo las palabras correctas
en el momento justo, serías mío

Te Amo...
Es todo lo que no puedes decir
Los años se han ido y todavía
Las palabras no vienen fácilmente
Como... Te Amo, te Amo.
Carla de Oyarbide

Te dejo con tu vida
tu trabajo
tu gente
con tus puestas de sol
y tus amaneceres.

Sembrando tu confianza
te dejo junto al mundo
derrotando imposibles
segura sin seguro.
Te dejo frente al mar
descifrándote sola
sin mi pregunta a ciegas
sin mi respuesta rota.
Te dejo sin mis dudas
pobres y malheridas
sin mis inmadureces
sin mi veteranía.
Pero tampoco creas
a pie juntillas todo
no creas nunca creas
este falso abandono.
Estaré donde menos
lo esperes
por ejemplo
en un árbol añoso
de oscuros cabeceos.
Estaré en un lejano
horizonte sin horas
en la huella del tacto
en tu sombra y mi sombra.
Estaré repartido
en cuatro o cinco pibes
de esos que vos mirás
y enseguida te siguen.
Y ojalá pueda estar
de tu sueño en la red
esperando tus ojos
y mirándote.


* Incluido en "Poemas de otros" (1973-1974), de Mario Benedetti.
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Carla de Oyarbide


8:39 › MURIO MARIO BENEDETTI

Porque sos pueblo te quiero

El escritor y poeta uruguayo Mario Benedetti murió en su domicilio de Montevideo a los 88 años de edad, a once días de haber recibido el alta médica por una enfermedad intestinal crónica.


Galardonado en 1999 con el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana y en 2005 con el Internacional Menéndez Pelayo, Benedetti abordó todos los géneros literarios, en los que reflejó una mirada crítica de izquierda, que le llevaría al exilio y a ser, hasta sus últimos días, un firme detractor de la política exterior de Estados Unidos.

Sus poesías fueron cantadas por autores como Joan Manuel Serrat, Daniel Viglietti, Nacha Guevara, Luis Pastor o Pedro Guerra, y sus novelas más famosas llevadas al cine, como "La tregua" (1974) o "Gracias por el fuego" (1985), a cargo del director argentino Sergio Renán.

Este exponente por antonomasia de la llamada generación uruguaya de 1945, la "generación crítica", nació el 14 de septiembre de 1920 en Paso de los Toros, en el Departamento de Tacuarembo.

Antes de dedicarse a la escritura, Benedetti hizo de taquígrafo, cajero, vendedor, librero, periodista, traductor, empleado público y comercial.

Todos estos oficios supusieron un contacto con la realidad social de Uruguay que fue determinante a la hora de modelar su estilo y la esencia de su escritura.

Entre 1938 y 1941 residió en Buenos Aires y en 1945 ingresó en el semanario Marcha como redactor y publicó su primer libro de poesía, "La víspera indeleble".

En 1949 Benedetti avanzó en su carrera periodística con su labor en la destacada revista literaria Número, compaginando al tiempo sus tareas de crítico con una carrera imparable como escritor.

Así, en una década trepidante publicó obras como "Esta mañana y otros cuentos" (1949), "Poemas de oficina" (1956), "Ida y vuelta" (1958) y "La tregua" (1960).

Residió en París entre 1966 y 1967, donde trabajó como traductor y locutor para la Radio y Televisión Francesa, y luego de taquígrafo y traductor para la UNESCO.

En 1968 fundó en La Habana el Centro de Investigaciones Literarias de la Casa de las Américas, que dirigió hasta 1971, y encabezó el Departamento de Literatura Latinoamericana de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Universidad de Montevideo, entre 1971 y 1973.

En los setenta desarrolló una intensa actividad política, como dirigente del Movimiento 26 de Marzo, del que fue cofundador en 1971 y al que representó en el Frente Amplio, coalición de izquierda que alcanzó el poder en 2005.

Con el golpe militar de 1973 renunció a su cargo universitario y se exilió, primero en Argentina y después en Perú, donde fue detenido, deportado y amnistiado.

Se instaló en Cuba en 1976 y un año más tarde se trasladó a Madrid, donde permaneció hasta 1985, cuando, con el fin de la dictadura uruguaya, terminó con doce años de exilio.

Entre las obras de esta época aparecen "Letras del continente mestizo" (1967), "Inventario 70" (1970), "El escritor latinoamericano y la revolución posible" (1974) y "Con y sin nostalgia" (1977).

Su obra teatral "Pedro y el capitán" (1979) fue representada en Madrid en 1981 y un año después aparecieron sus "Cuentos" y la novela "Primavera con una esquina rota".

En 1984 publicó "Geografías" y "El desexilio y otras conjeturas" y tres años después, tras volver a Uruguay, se convirtió en miembro del Consejo Editor de la revista de izquierda Brecha.

De 1985 data su colaboración con Joan Manuel Serrat en el disco "El sur también existe".

A partir de entonces su producción es imparable, con títulos como "Despiste y franquezas" (1991), "La borra del café" (1993), "Andamios" (1996) y los poemarios "Mas acá del horizonte" (1997) y "La vida, ese paréntesis" (1998).

En la década siguiente aparecieron "El porvenir de mi pasado" (2003), "Memoria y esperanza, un mensaje para los jóvenes" (2004) y los poemarios "El mundo que respira" (2001), "Existir todavía" (2004) y "Vivir adrede" (2007), entre otros.

Benedetti recibió numerosas distinciones, entre ellas la Medalla Haydee Santamaría del 30 aniversario de la Casa de las Américas en La Habana (1989) y la Medalla Gabriela Mistral del Gobierno chileno (1996).

Además, el premio León Felipe de España a los valores cívicos (1997), el Iberoamericano José Martí y el Internacional italiano de Literatura La Cultura del Mar, ambos en 2001, año en que también fue nombrado "Ciudadano Ilustre de Montevideo".

El escritor, doctor Honoris Causa por universidades de España, Uruguay y Argentina, enviudó en 2006 de Luz López Alegre, con quien se había casado en 1946.

En 2007 fue condecorado con la Orden Francisco de Miranda en grado de "generalísimo" por el Gobierno venezolano y en 2008 obtuvo el I Premio ALBA del Fondo Cultural de la Alternativa Bolivariana para las Américas en la categoría de Letras.

Ese mismo año fue hospitalizado en tres ocasiones aquejado de deshidratación por una dolencia intestinal y un cuadro de infección urinaria, lo que no le impidió seguir escribiendo.

En agosto de 2008 presentó "Testigo de uno mismo", su último poemario, un "resumen" de su carrera.

Nota de Página12
Carla de Oyarbide
El día que tus pies desnudos reencuentren la frescura de la hierba,
y te inunde el aroma de praderas mansas,
cuando tu mirada se vuelva etérea ante la luz del sol que traspasa follajes,
y los grillos, cantando, enamoren dulcemente a tu alma.
Entonces, como si ya todo hubiera terminado,
solo la vida en su magnífica y desnuda simpleza
dará sentido a tu tiempo.
Y querrás compartirlo, y la poesía que emane de tu piel
contagiará a los que te rodeen.
Pero tarde o temprano, viendo como el gris mundo del hombre
sigue girando y girando, un aire de tristeza llenará tu espacio...
Hasta que un buen día gritarás, tan silenciosamente
que todos habrán de oírte, y entonces despertarán.
Respirando profundamente dejarán sus enloquecidas
carreras, se quitarán los zapatos, abrirán sus ojos
verdaderos y por fin nuevamente,
verán el sol brillar...

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Carla de Oyarbide
Mi versión de Ironic... =)... Por que estuvo en la Argentina y yo me quedé afuera!!! =(



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Carla de Oyarbide
Por los tenebrosos rincones de mi cerebro acurrucados y desnudos duermen los extravagantes hijos de mi fantasía esperando en silencio que el Arte los vista de la palabra para poderse presentar decentes en la escena del mundo.
(“Introducción Sinfónica” de las Rimas)

Biografía

Sevillano de nacimiento, madrileño por opción. Poeta por innata vocación, periodista y dramaturgo por necesidad. Romántico por la calidad y contenido de su obra, posromántico por su ubicación en la línea temporal. En sus escasos 34 años de vida, Gustavo Adolfo Bécquer conoce la enfermedad y la pobreza extrema, pero encuentra, desde temprana edad, alivio y refugio en su rico mundo interior: poblado de sueños, palabras, colores y delirios.

Bécquer llega al mundo un 17 de febrero de 1836, bajo el nombre real de Gustavo Adolfo Claudio Domínguez Bastida, hijo del pintor José Domínguez Bécquer y de Joaquina Bastida y Vargas. Ya hombre adoptará definitivamente el apellido de su abuelo paterno, de origen flamenco.

Gustavo cuenta con tan sólo cinco años cuando su padre fallece, y él junto con su hermano Valeriano, de siete, son llevados al colegio de San Telmo, institución destinada a huérfanos pobres pero de raíces nobles. Allí conoce a uno de los amigos que lo acompañarán hasta sus últimos días: Narciso Campillo. Con él comparte además su gran amor, con sólo 10 años experimentan por primera vez con las letras al escribir juntos un primer intento de drama titulado Los Conjurados.

En 1847, los niños Bécquer también pierden a su madre. A partir de entonces, viven con Manuela Monnahay, madrina de Gustavo. En esos años de juventud el futuro autor de las Rimas tiene sus contactos iniciales con la lectura, devora con ansias los libros de la biblioteca de la casa: por sus ojos pasan los poemas e historias de clásicos como Horacio y Virgilio, y de sus contemporáneos románticos como Lamartine, Espronceda, Byron y Hoffmann.

También fue en esa época en que Bécquer prueba con otras ramas del arte, primero se inclina hacia la pintura, como su hermano Valeriano, quien sí termina dedicándose a los lienzos y pinceles, y luego a la música. Sin embargo, su corazón se va perfilando poco a poco hacia las letras y, en 1853, ya cuenta con varias de sus composiciones publicadas en periódicos y revistas locales.

Es así como junto con su amigo Narciso Campillo, quién también sería decisivo para eternizar en el tiempo al Bécquer poeta al ser el encargado de editar póstumamente su obra, y un tercer compañero de sueños, Julio Nombela, conforman un círculo literario y proyectan emigrar a Madrid, ciudad donde sí pueden encontrar el éxito y la gloria.

En octubre de 1854, Gustavo llega a la capital española con su juventud y esperanza a cuestas, pero sus primeros años allí le muestran una realidad totalmente distinta a la esperada: vive en casas de huéspedes en penosas condiciones, rodeado de miseria y soledad. Busca por todos los medios escaparle a la pobreza: trabaja por un breve tiempo como administrativo en la Dirección de Bienes, escribe biografías políticas por encargo, realiza traducciones, adapta textos para zarzuelas, y, en este último orden, compone algunas obras de teatro, como la comedia La novia y el pantalón en la que satiriza el ambiente burgués que lo rodea, o La venta encantada, basada en el Quijote de Cervantes. Éstas y otras obras las compone en asociación con Luis García Luna y son dadas a conocer bajo el seudónimo de Adolfo García.

Mientras tanto, Bécquer sigue escribiendo artículos y colaboraciones para algunas publicaciones como El Correo de la Moda, El Porvenir y La España musical y literaria. En 1857, encara también un proyecto titulado Historia de Los Templos de España, en el cual se vislumbra ya su atracción hacia el contenido histórico y tradicional de su país natal. Para la consecución de este trabajo viaja por las ciudades de Soria, Ávila y Toledo, todas ellas con un gran acervo cultural. Más allá de lo ambicioso de la idea, sólo sale a la luz una sola de la serie de entregas planeadas inicialmente por el poeta.

En 1858, a la vez que cae gravemente enfermo sufre su primer desengaño amoroso. La tuberculosis lo golpea duramente, a tal punto que su hermano Valeriano debe trasladarse a Madrid para hacerse cargo de él. El espíritu de Bécquer se conmueve fuertemente por una joven mujer que ve asomada por un balcón: su nombre es Julia, hija de Joaquín Espín, un distinguido músico y profesor del Conservatorio madrileño.

Si bien se cree que Gustavo tiene oportunidad de conocer a Julia personalmente en alguna de las tertulias de la familia Espín, su amor no es correspondido: ella posee aspiraciones amorosas más elevadas. Es esta joven, precisamente, una de las musas más importantes de las Rimas de Bécquer: varias de ellas, las que se refieren al amor ilusionado, parecen estar inspiradas en esta mujer que soñaba con ser una reconocida cantante de ópera.

Julia Espín, la principal musa de las Rimas

Dos años después, tras recuperarse momentáneamente de sus dolencias, Bécquer ingresa como redactor en el diario El Contemporáneo, trabajo que lo salvará de los apremios económicos hasta 1865.

En mayo de 1861, para sorpresa de todos sus allegados, Gustavo Adolfo, quien cuenta por entonces con 25 años, y tras otra frustración amorosa con Elisa Guillén, contrae matrimonio con Casta Esteban, de 19, hija de uno de los médicos que lo atendió durante su enfermedad. Luego del enlace inesperado llegan los hijos y las responsabilidades se acrecentan para Bécquer, debe ahora mantener un hogar y no pensar ya sólo en él sino también en su familia. Más allá de que, en realidad, no pasará mucho tiempo sin que vuelva a sus andanzas y a revivir sus sueños de poeta.

Estos años son los más fructíferos en lo referente a su producción literaria: publica la mayoría de sus leyendas y rimas, y escribe también sus Cartas literarias a una mujer, seguramente dedicadas a Elisa, aquella joven de “ojos grises” que le eclipsó el alma en uno de sus viajes a Toledo a fines de la década del 50, y que luego se termina casando con otro hombre.

En 1864 suceden dos hechos que cambian su vida y presente, por un lado, consigue con ayuda del ministro de Isabel II, Luis González Bravo, su protector y amigo, un puesto como censor de novelas, lo que le permite una mayor holgura económica, y, por el otro, decide retirarse a descansar junto con su muy querido hermano Valeriano, recientemente separado, y su pequeña sobrina Julia, al Monasterio de Veruela.

Allí, en las faldas de la Sierra del Moncayo, rodeado de ese paisaje en donde se funden lo religioso y lo medieval, Bécquer se siente embelesado por esos recintos y paredes que rezuman historia, que vibran al son de su corazón puro y lo sumergen en una paz de espíritu que rara vez había podido experimentar en la ciudad. Desde este lugar sagrado envía a El Contemporáneo sus Cartas desde mi celda, artículos que son algo más que meros reportajes: están compuestos en gran medida por líneas confidenciales, autobiográficas, que nos dibujan el verdadero sentir del poeta, al real Gustavo Adolfo Bécquer en toda su calidad.

Carla de Oyarbide
Carla de Oyarbide


Tengo triste el corazón,
Tengo pena en el amor,
Busco remedio, a este dolor.

Pongo el alma en alquiler,
Tiene vistas al querer,
Busco y comparto, amanecer.

Pongo el mar a orilla de tus besos,
Traigo lluvia por si tienes sed
No preguntes amor, amor solo ,
Que el mundo nació donde yo te encontré.

Solo sé, que me vi,
Con la vida aleteando en el vacío,
Con el sol en la maleta por si el frío,
Me agarraba sin saber a donde ir.

Solo sé, que dormí,
En el nido donde duerme el universo,
Con tu risa decorándome el silencio,
Pido al aire, que me baile, para ti.

Tengo triste el corazón,
Tengo pupa en el amor,
Busco refugio, a este dolor.

Traigo el aire envuelto en un suspiro de pasión,
Tengo que pedirte por favor,
Que desembales, mi corazón.

Pongo el mar a orilla de tus besos,
Traigo lluvia por si tienes sed,
Tengo un nudo en la voz, perdóname amor,
Las penas no caben en una canción.

Solo , que me vi,
Con la vida aleteando en el vacío,
Con el sol en la maleta por si el frío,
Me agarraba sin saber a donde ir.

Solo sé, que dormí,
En el nido donde duerme el universo,
Con tu risa decorándome el silencio,
Pido al aire, que me baile, para ti.

Así, resguárdame del viento,
En una esquinita de tu piel,
Voy desembalando el universo,
Por si tú lo vuelves a querer.

Solo , que me vi,
Con tu risa decorándome el silencio,
Pido al aire que me baile para ti.