Carla de Oyarbide
Podríamos irnos lejos, me dijiste con cara de entusiasmo mientras me estrechabas fuerte sin medir ni en un ápice la reacción que mi cuerpo silenciaba entre tus brazos...
Podríamos irnos lejos, dijiste, como si ésa fuese la opción más viable, la solución a nuestro verdadero problema. Lo dijiste con una sencillez tan pura, como si lo que dijeras fuese lo más cuerdo, coherente y apropiado, y para ése momento en particular.
¿Irnos lejos? Te repregunté... y clavaste tu ojo en el mío, y pude entrever en tu pupila un matiz de desazón o desilusión o repentina conciencia del error cometido.
No quise matar tu esperanza sin sustento como sé que tú no quisiste decir necedades.
No quise matar tu impulso, sé que eso fue un mero impulso, un arrebato instintivo del primitivo sentimiento de miedo que proviene del origen de la misma especie humana.
Sólo que hay una gran distancia entre un deseo y un hecho, entre un sentimiento y una falacia, entre un sueño y su cadáver, entre una posibilidad y una no realidad.
Creo que un frío entró por tus venas porque de repente palideciste, y yo no pude o no quise hacer nada para evitarlo, o remediarlo. Ya no tenía resto de calor.
No más palabras de "esta vez sí", "sé que podremos" o "deberíamos intentarlo". Nada era válido ahora. Nada podía volver a insuflarle vida al cadáver.
Todos hemos oído hablar del "rigor mortis", de la dureza que se apodera de los músculos (por donde alguna vez corrió sangre) tras el último suspiro, de la palidez que adquiere la tez tras el estertor definitivo, del último aire frío que se lleva al alma, sabrá el infinito hacia dónde. Yo al menos sí he oído, y lo pude presenciar esa tarde del "podríamos irnos lejos".
No fue tu muerte ni la mía, pero el cadáver allí estaba, ante tus ojos y los míos, y dolorosamente interpuesto entre nuestros cuerpos. Ya no hubo reacción silenciada por mí, sólo tu miedo nuevamente tras sus murallas para no mostrarse indefenso. Ya no hubo un "deberíamos intentarlo" de mi parte, sólo la angustia ante el hecho consumado.
Ya no hubo esperanza alguna, sólo esa distancia insuperable entre el cadáver y nuestros cuerpos. Ya no hubo inútil resurrección, sólo esa misma distancia entre nuestros cuerpos desnudos, por vez primera en mucho tiempo, desnudos y despojados de máscaras y disfraces de cartón corrugado.
Sólo la exacta misma distancia.
Distancia cuyos puntos en la línea espacial los han constituido todos aquellos "esta vez sí", "sé que podremos" y "deberíamos intentarlo" que se plantaron, una y otra vez, sobre nuestros pechos y emplazaron allí un terreno de fango, espeso y sustancioso, que aún ahoga.
No pudo ser. Ni lejos ni cerca, ni abrazos ni palabras. Ya no.
El cadáver era ya real, y la distancia entre él y nuestros cuerpos desnudos no era más que la no existencia del amor. La distancia entre nuestros cuerpos despojados no era más que lo único real en ése momento en particular: el desamor.

Etiquetas: 0 comentarios | | edit post
Carla de Oyarbide

Ellos tienen razón
esa felicidad
al menos con mayúscula
no existe
ah, pero si existiera con minúscula
sería semejante a nuestra breve
presoledad
después de la alegría viene la soledad
después de la plenitud viene la soledad
después del amor viene la soledad
ya sé que es una pobre deformación
pero lo cierto es que en ese durable minuto
uno se siente
solo en el mundo
sin asideros
sin pretextos
sin abrazos
sin rencores
sin las cosas que unen o separan
y en esa sola manera de estar solo
ni siquiera uno se apiada de uno mismo
los datos objetivos son como sigue
hay diez centímetros de silencio
entre tus manos y mis manos
una frontera de palabras no dichas
entre tus labios y mis labios

y algo que brilla así de triste
entre tus ojos y mis ojos
claro que la soledad no viene sola
si se mira sobre el hombro mustio
de nuestras soledades
se verá un largo y compacto imposible

un sencillo respeto por terceros y cuartos
ese percance de ser buenagente
después de la alegría
después de la plenitud
después del amor
viene la soledad
conforme
pero
qué vendrá después
de la soledad
a veces no me siento
tan solo
si imagino
mejor dicho si sé
que más allá del mi soledad
y de la tuya

otra vez estás vos
aunque preguntándome a solas
qué vendrá después
de la soledad.
Carla de Oyarbide


Para ver la cartelera en grande clickea sobre ella.
Etiquetas: 0 comentarios | | edit post
Carla de Oyarbide
Inspirada en el mundo poético de Charles Bukowski

Un milagro
Una fiesta de cumpleaños / amigos, parejas, ex – parejas / gente (acompañada o sola) / el infaltable brindis / peleas, arrepentimientos, discusiones / encuentros terribles y desencuentros apasionados / música sonando y cuerpos bailando sin parar / milagro de encontrarse en un gesto, una mirada de amor / los inevitables altibajos de toda fiesta / el deseo de unión llevado en cada célula del cuerpo / el milagro de que la gente se quiera


DRAMATURGIA Y DIRECCION
PAOLA BELFIORE - ADRIAN CANALE
ELENCO
Andrea Crouzat / Carla de Oyarbide / Sofía Di Pace / Leandro Etchevarne / Monica Feuer / Néstor González / Jessica Grimaldi / Rosa Moreno / Luis Miguez/ Christian Vogel /
"No te olvidés que siempre hay alguien o algo esperando por vos. Algo más fuerte, más inteligente, más grande, más duradero. Algo con ojos de tigre o mandíbulas de tiburón... ¿No lo podés entender?"

Segundo trabajo originado de los seminarios de actuación y montaje escénico de Paola Belfiore y Adrián Canale, luego de "Ponerse en pie", " Un milagro" pone en primer plano, en medio de un festejo de cumpleaños, la corporalidad de las relaciones. El inmenso abismo que existe entre las personas. Los "actos ebrios" que buscan un deseo irresistible: el de ser mirado, querido, amado o deseado.
Todos los jueves de enero y febrero, 22 hs.
ENTRADA GRAL. $ 20 y desc. $18
EL CLUB DEL TEATRO
Rivadavia 3422
Etiquetas: 0 comentarios | | edit post
Carla de Oyarbide
Si alguien,

cayendo de sí mismo en sí mismo,

manotea para sostenerse de sí

y encuentra entre él y él

una puerta que lleva a otra parte,

feliz de él y de él,

pues ha encontrado su borrador más antiguo,

la primera copia.


Etiquetas: 0 comentarios | | edit post