Ayer escribí sobre lo bonito o alentador que es el hecho de que ya se esté acercando la primavera: los pajaritos, los árboles florecidos, el calor, los días más agradables y decenas de hermosos etcéteras más. Pero también, atención: un silencioso y demoledor fantasma se hace presente con mayor intensidad…
Esta mañana, mientras tomaba unos mates con mis viejos, hojeaba –como todos los domingos- el diario, más específicamente, la revista del diario Clarín, es decir, la Viva… Desde el vamos, la cosa no comenzó muy bien: empecé dando exclamaciones de horror al ver la supuesta moda de primavera que se aproxima que, honestamente, me parece espantosa. Sin embargo, esto no fue nada comparado con el horror (o asco, o lástima) que me provocó ver el incesante maratón gráfico de esqueléticas modelos con las cuales se presentaban todas estas nuevas tendencias fashion.
Más o menos, tras respirar y morderme ligeramente el labio inferior, lo logré sobrellevar. Hasta que, de repente, al seguir avanzando en la revista –que ya me estaba cansando, por lo que cada vez pasaba sus páginas con mayor velocidad- me topé con esta foto, que, increíblemente, es parte de la última campaña de una marca de indumentaria femenina de Argentina:

Al verla me quedé como una estúpida mirándola, porque no podía creerlo… Y empecé a pensar en tantas cosas:
Primer y omnipresente pensamiento que no podía apartar de mi mente: ANOREXIA y BULIMIA - ANOREXIA y BULIMIA - ANOREXIA y BULIMIA
-Dos enfermedades bien distintivas de la era superficial y paradójica en la que vivimos: están por un lado los que se mueren en Tucumán –y otras varias provincias argentinas más, claro- por desnutrición, y por el otro, una gran cantidad de adolescentes y jóvenes –que ya no son sólo mujeres, cada vez se presentan más casos en varones también- que caen en las redes de esta triste enfermedad.
-Los medios de comunicación también se me aparecieron en toda su crudeza -de hecho tenía en mis manos una revista, considerada de pé a pá, masiva-. Y sí, en la televisión, en el cine, en las revistas, en los grandes afiches publicitarios de las calles, en TODAS partes se muestra, como si fuera lo más normal y saludable del mundo, cuerpos –en este caso si son, generalmente, femeninos- que ostentan una extrema delgadez, absolutamente enfermiza y "repugnante".
-Y enseguida pensé en que nuestros adolescentes son el grupo etáreo más vulnerable frente a este tipo de trastorno: están en plena etapa de crecimiento, de formación de su personalidad, en búsqueda de su identidad y en medio de esta tarea tan difícil -vivencial y esencial- no hacen más que recibir por doquier bombardeos incesantes (que les manda su propia sociedad) de culto a esta estética irreal –y, por lo general, no sólo inalcanzable sino también y, por sobre todas las cosas, malsana-.
----> Según datos oficiales, en
la Argentina,
1 de cada 25 jóvenes sufre de algunos de estos trastornos alimentarios. Un dato de por más alarmante.
La anorexia y la bulimia no son chistes ni sólo una imagen espectral en una gráfica publicitaria, puede dejar graves secuelas en el organismo:
-Amenorrea: las mujeres dejan de tener el ciclo menstrual, lo que repercute también de manera negativa en sus huesos, lo que da lugar a:
-Debilitamiento general de los huesos, que en casos extremos puede llegar a causar una osteoporosis temprana.
-El sistema cardíaco también se menoscaba: se han detectado numerosos casos en adolescentes de “corazones pequeños”. No olvidemos que el corazón es un “músculo” más, así como se pierde masa muscular en el cuerpo, el corazón también se reduce y debilita. Por lo tanto, el ritmo cardiaco también se ve alterado.
A estos problemas –los más graves- se les deben sumar muchos otros más como posibles úlceras de estómago y esófago, deterioro dental, caída de cabello, sequedad en la piel, anemia, bajo rendimiento físico e intelectual, etc., etc. Además de todo un cambio de conducta que puede derivar en irritabilidad, apatía, depresión, angustia, violencia...
---->Otro dato más que importante: entre un 5 y un 15 por ciento de los casos de bulimia y anorexia terminan de manera trágica e irreversible: se cobran la vida de los enfermos.
Como nada es casual en la vida, miremos esta otra cifra que tan significativa es para ilustranos un poco mejor el panorama actual de las cosas: desde 1960 hasta el 2000, hubo un aumento en la Argentina del 300 por ciento en casos de anorexia.
Y mientras las empresas de ropa, los modistos de renombre, las marcas de cosméticos, perfumes, y todo aquel que quiera “vender” su producto o “llegar” de alguna forma a la gente común, a la opinión pública, lo hagan con este modelo enfermizo de mujer inexistente (o que pronto lo será, literalmente, si sigue con su enfermedad) las cifras seguirán su curva ascendente.
Es importante que de una vez por todas se tome conciencia de la gravedad del caso, se deje de machacar con tanto culto estúpido a una figura inhumana. No es broma: la salud de tantas chicas y chicos, y de tantos adultos también, está en juego, y en uno muy peligroso.
Se acerca el verano y el pavor antikilos recrudece...
Sólo pido, por el bien de la humanidad, basta de modelos esqueléticas y anoréxicas, ¡por favor!
*Ah, y la ley de talles ¿en dónde quedó??