Carla de Oyarbide
Desde el sur del mundo, desde un mirador preferencial, vi salir el sol una mañana de invierno. Me pareció descolorido, un tanto escaso en su fulgor, un tanto mezquino en su luz. Vi como se desprendía, tembloroso, de la línea segura del horizonte, lo vi emerger transversal al mar, lo vi migrar de su escondite nocturna.

Su aureola rojiza me pareció ser extinto fuego antorchal, lo observé con meticulosidad: asemejaba un incipiente polvorín misionero, fugado de los áridos suelos norteños para lucirse de incógnito allí, filtrado por entre las rasgueadas nubes... sí, allí estaba aquel polvo misionero circundando al rey febo tal silencioso guardián.

No recuerdo si fue mi percepción la que se agudizó o fue el sol quién se transfiguró en un ser viviente, pero de repente sentí que el opacado tinte volcánico me invadía, sentí que sus tímidos rayos me envolvían y me transportaban más allá del momento...

Creí ver el rostro moreno de un niño de unos diez años, con mirada furtiva, extendiendo su mano sucia, hambrienta por una moneda, de cara al cielo, expectante por un ápice de piedad. Creí verlo con polvo rojo en sus desnudos pies, creí verlo envuelto en harapos parado en la puerta de un restaurante, en la capital de alguna calurosa provincia.

Luego, se me apareció una joven con huellas autóctonas en la piel: vendía su dignidad por un plato de comida para sus cinco hijos... creí entender que uno de ellos era el niño de diez años.

Tras ello, emergió ante mis ojos
una anciana, de rasgos severos y ojos zarcos, sentada ausente frente a un portarretrato en algún frío geriátrico, me pareció verla muy triste, pensativa, a lo mejor añorando algún pasado de mayor gratitud, o tal vez, sólo ahogando alguna postrera ilusión de felicidad.

Luego vi como tras esa anciana se traslucía otra añeja mujer, sólo que ésta estaba perfectamente producida: con cabellos abultados y renegridos, producto de algún couffeire de renombre, su rostro estirado, pulido, tal hoja de birturí, y ridículamente pintarrajeado... me recordó lo ingrato que es el querer desafiar y vencer el inexorable paso del tiempo. Un momento después observé como esa esfinge criolla bajaba de un auto último modelo en una calle céntrica de alguna urbe encasillada en cemento, ruidos molestos y luces de neón... en la otra esquina una madre junto a sus dos pequeños se resbalaban abruptamente del escalafón social y se sumergían en la villa más populosa de la distinguida ciudad.

Creí ver una familia cenando frente a un aparato hipnotizante mientras en la vereda de enfrente un perro enjuto rompía una bolsa de residuos y rescataba de entre los desperdicios algunas costillitas descarnadas, últimos vestigios del tradicional asadito dominguero. Un muchacho de aspecto rebelde y despreocupado decía incoherencias y despedía incultura; su imagen proyectada por el televisor era absorbida con esmero por los más jóvenes de la familia, tomada con indiferencia por el padre quién enmohecía con alcohol sus preocupaciones laborales, y usada de punto vacuo por la madre para concentrarse en la astucia que tendría que desplegar al día siguiente para no olvidar ninguna de las tramposas ofertas en el súper; stocks sobresaturados disfrazados de ofertas que vanagloriaban las revistillas de publicidad de las grandes cadenas internacionales.

Al instante pude observar a un hombre uniformado que portaba un arma capaz de arrebatar vidas siguiendo a un ladrón que corría por callejuelas infestas de hedor y blasfemias derramadas al viento. Vi a un linyera dormir envuelto en papeles de diario, débilmente resguardado en la entrada de una galería comercial; de entre las arrugadas hojas impresas resaltaba: “la economía superó las expectativas, creció casi un ocho por ciento con respecto al año pasado”.

El horror invadió mis pupilas al ver una mujer arrojarse por la terraza de un edificio de diez pisos, pero luego mi corazón se precipitó al contemplar lágrimas de emoción que rodaban por las mejillas de una joven madre primeriza de 22 años. Vi a un bebé llorar... vi a un ebrio vociferar, solo, en un destemplado amanecer a la orilla de un contaminado riachuelo.

Vi una ciudad turística repleta de papeles, volantes, bolsas de nailon, llenas y vacías, todas dispersas por doquier, vi playas desnudas a la espera de la venidera temporada estival, vi un mar celeste y calmo que me trajo de regreso al instante...

Recordé mi mirador preferencial, recordé la ciudad en el sudeste de una provincia central en el país del todo vale, del todo puede ser...

Habrán pasado sólo unos segundos cuando de un estrépito caí de nuevo en ensueño y creí verme sobrevolar un pico nevado y desmayarme tras la visión de tal majestuosa belleza natural... olvidé la conjunción de despropósito y humanidad anterior, y me impregné del aire fresco y renovador proveniente de una palabra de aliento emitida al unísono por millares de almas distintas e iguales, blancas y celestes desperdigadas entre tierras rojizas, suelos fértiles, una columna vertebral rocosa, pampas verdes y aguas imperiales.

Recordé la ciudad en el sudeste de una provincia central en el país del todo vale, del todo puede ser...

Vi algo de un país, sólo instantáneas fugaces de una nación adormecida por años de desiluciones y un tanto de dolor... aunque, deseosa de un futuro mejor.

Vi mi país en imágenes, recostada plácidamente sobre el océano, al sur del mundo.

Carla de Oyarbide
Algo estuve pensando al respecto (en un momento de total aburrimiento)...

Creo que experimentar este estado anímico es muy peligroso porque es en esos momentos de so
B
erano embole en los que la mente aprovecha su más austera soledad y se lanza desesperada en un cr
U
cero abismal. Comienza su imprudente tr
Ravesía sin propósito alguno y sin una meta prefijada po
R nuestra volundad. Ella comienza desnuda su recorr
Ido y se va moldeando de acuerdo a cuanta idea loca, original, aburrida o
Mentecata se le cruce por el camino. Así, desbordante de del
Irantes bollos mentales emprende su peregrinaj
E sin son ni ton, que uno nunca sabe a dó
Nde lo puede llevar. Se puede terminar, li
Teralmente, en el lugar más insólito y des
Opilante.

SeríA bueno saBer cuando la mente está jUgando esas extRañas pasadas paRa interrumpIrla justo a tieMpo, justo antes de comenzar a escrIbir tontErías como ésta. Si te digo que No me aburrí escribiendo esTo te mientO.


Carla de Oyarbide
Hay una palabrita que últimamente leo a más no poder y me trastorna de manera absurda: Proactivo.
Serán los casi dos meses que llevo trabajando en una receptoría de avisos clasificados, o, a lo mejor, será precisamente el hecho de que leo esos anuncios –los de pedido de personal puntualmente- con exhaustivo detenimiento porque pronto pasaré a formar yo una más en las filas de los desempleados (eso, tema aparte). La cuestión es que la leo una y otra vez, casi todos los días, en casi todos los avisos. Me altera. No sé por qué pero me altera. PROACTIVO.

Creo que estamos en la era PRO, hace un tiempo ya que todo es PRO (hasta el relativamente nuevo partido político que dentro de unos meses asumirá las riendas de la Capital Federal). PRO: algo favorable o a favor de… prototipo del progreso progresista, o algo así.

He aquí, tomados al azar, dos ejemplos de avisos clasificados del rubro de solicitud de personal que contienen dicho término:

Ingeniero Mecánico para producción:

Nos orientamos hacia una persona con excelente manejo de relaciones interpersonales, proactiva y ordenada. Deberá contar con los conocimientos de normas ISO, realizar lectura de planos y aplicación de 5 S.

Será responsable de cumplir con la producción, organización y gestión del área a su cargo.

Deberá contar con disponibilidad horaria para realizar turnos rotativos y dedicación full time. Se valorará especialmente la experiencia en puestos similares, no menor a dos años.

Para integrar nuestro equipo de trabajo, en campañas nacionales e internacionales, de Customer Service o Ventas.

Es necesario cumplir con los siguientes requisitos:

  • Edad de 20 a 40 años.
  • Experiencia en ventas y/o Customer Service (no excluyente).
  • Proactivos, dinámicos.
  • Estudios secundarios completo (Excluyente).

Disponibilidad:

  • Lunes a Viernes de 15 a 21 hs. + Sábado de 09 a 14 hs.
  • Sábados y Domingos de 06 a 18 hs. (turnos de 4, 6 ú 8 horas).

Se ofrece:

  • Excelentes condiciones de contratación.
  • Capacitación permanente.
  • Plan de carrera de acuerdo al desempeño.
  • Excelente clima laboral.

Es decir, se solicita una persona PROactiva, con grandes ideas para PROmover eficientemente los servicios de la compañía contratante, otorgándole a cambio la exclusiva oportunidad de PRObar todos sus conocimientos y de enfrentar el constante desafío de PROceder de acuerdo a sus más elevadas habilidades.
Sólo se le solicitará al nuevo empleado que PROcure cumplir con los objetivos comunes para lograr así un PROducto acorde a las necesidades de los clientes y PROpagar el éxito comercial en PRÓdigo beneficio PROcomún.
La empresa contratante cumplirá a rajatabla la PROmesa de ofrecer posibilidades de crecimiento y de PROmoción dentro de su misma estructura jerárquica.
El sueldo percibido por el nuevo empleado y dichas posibilidades de crecimiento serán acorde a la PROporción del compromiso y la responsabilidad demostrada en el más PROlijo cumplimiento de sus funciones.

Aclaración: No se busca un PRÓculo –jurisconsulto distinguido de la época romana- ni un PROhombre, ni mucho menos un PRÓcero –un individuo de por más eminente-. Sólo se requiere un PROmotor PROmedio con la PROpiedad necesaria para cumplir con el PROfundo PROpósito empresarial.

Gracias.

Esto sí que es PRO, leamos ahora entre líneas. Te sugiero una posible traducción -se aceptan otras-:

Si sos el gran afortunado de conseguir el trabajo en cuestión, sólo se le pedirá a tu personita que esté activa casi las 24 horas del día y que durante su encierro laboral no haga otra cosa que mover enérgicamente su cuerpo al compás de las órdenes de su superior o de la demandante clientela vociferante.
Serás uno más de los zombies urbanos que cuando llegue la ansiada hora de salir de su trabajo (si es que llega) no le queden más ganas de nada: ni siquiera de caminar los 30 pasos hasta el auto para regresar a casa…
Y que ni se te pase por la cabeza intentar
ir , algún día de la semana, a algún bar cercano a tomar algo con amigos, solo, con la pareja o con quién sea, ya que serás uno más de los que tengan que ceder hasta la médula en PRO de --??????--. Serás uno más de los que no habrá médico ni curandero ni hechicero ni nadie que le cure el agudo dolor en las articulaciones y huesos.
Pero no te desesperés, ya que si no te es posible volver a tu hogar por tus propios medios podés considerar la posibilidad de dormir en tu mismo lugar de trabajo o en algún ducto próximo o, lo que es una
mejor opción -siempre y cuando el bolsillo te lo permita- pagar una habitación en algún hotelucho de las inmediaciones.
¿Para que te digo esto?, no lo sé… de cualquier manera, tené bien en claro que seguirás siendo un ser común -por más que te prometan lo contrario- un argentino más que, con suerte, pueda tener todos -o casi todos- los días algo de comer sobre la mesa, y -por favor, que esto que te voy a decir no provoque una fuerte moción en ti- no olvides que si por esos golpes benéficos del destino (o por el propio sudor de tu frente y tus axilas) hoy tenés sobre ella doble porción, guardáte una para mañana porque nunca faltará el compañerito “lijo que te lijo el piso” que ayude a que te den una soberana patada en el culo… y te encuentres una vez más en la difícil situación de ser un hombre -o mujer, según tu entrepierna- que tenga que partir otra vez… ¡y desde cero!!
Más allá de todo lo negro que esto pueda parecer, por favor, no apagués nunca ese motor interno que te impulsa: buscá siempre, por el más correcto medio, crecer, progresar… y que no sea sólo a un nivel material sino también –después de todo, el más importante- espiritual.
Aunque me esté yendo por las ramas (que tanto me gusta) no voy a finalizar sin antes recordarte que -al margen de las empresas que en definitiva buscarán su beneficio, o de ese compañerito “lijo que te lijo el piso”- siempre habrá alguien como vos con una desafectada cuota de piedad. Alguien que muy posiblemente también tuvo que pasar por situaciones similares a la tuya, y – en un rapto de inspiración casi divina- fundó un pósito para marginados laborales...

En la brevedad, casi con seguridad, me podrán ver por allí…

Carla de Oyarbide

Cuestionario para gente con problemas… de educación

-¿Qué se supone que uno va a hacer a una universidad?

-Estudiar – entre otras cosas, como por ejemplo hacer seudo política (sobre todo, en mi país)-

O sea, repitamos: uno va a la universidad a estudiar… ¿qué? Una carrera, que puede ser de diversa índole: medicina, arquitectura, sociología, psicología, letras, filosofía, etc., etc.

Bien, a ver si aprobamos este examen… es decir, en la universidad no sólo se forman profesionales sino también ciudadanos. Allí, uno no sólo aprende lo específico de su carrera sino también va incorporando normas de convivencia, aprende a ser responsable, a cumplir con pautas y tiempos, entre otras cosas.

Unauniversidaddeberíaserunlugardeaprendizaje (repaso mental ligero)

Un espacio en donde adquirir los conocimientos teóricos y prácticos necesarios para ejercer la profesión en cuestión, pero también –y sobre todo- un “ejemplo” en pequeña escala de la sociedad.

Ahora miren esta foto:

Esa es la esquina de la Universidad Nacional de Mar del Plata, en Buenos Aires, Argentina… bonito, ¿no? Esto sí que es un ejemplo de ciudadanía, de cómo mantener la limpieza en las calles, de cómo ser personas responsables y cuidadosas de lo nuestro…

¿Y qué importa?... ¿a quién le importa?...

Todos los días, cientos de pares de piecitos pasan, merodean, saltan, esquivan esos estéticos obstáculos para introducirse en los distinguidos claustros universitarios que forman profesionales de gran valía…

Vos rendí tu examen, aprobá las materias, mientras la podredumbre te circunda con sus hediondos vapores. No la mirés, hacé como que no está… total, ella seguirá estando allí… esperándote una vez más para obstruir tu regreso a casa…

Nota final del examen: 1 (Uno) Reprobado

Carla de Oyarbide

No sé por qué pero se me ha hecho una manía esa de escribir cientos de veces las interjecciones “ja” y “je” cada vez que uso el Messenger o cualquier otro programita similar (valga Chat en general –¡miento!, hace dos mil años que no entro en una sala de Chat- o Skype… aunque no es de mi preferencia, vaya uno a saber porqué).

Cualquier cosa es legítima, podés decir la atrocidad más grande, pero mientras coronés la frase con un “ja” o un “je”… o por qué no un “ji”, la cosa se arregla. Todo se suaviza como por arte de cibermagia.

Y ni hablemos del “jua”, ése sí que es casi espasmódico, “visceral”… Será que uno intenta, por todos los medios digitales a su alcance, expresar aquello que sólo sería posible si se tuviese a su interlocutor “cara a cara”… pero bueno, todo vale en esta era del virtualismo: artífice de las relaciones personales desvirtuadas –o, cuanto menos, modificadas-.

Es así como uno, por lo general, a través de la escritura, intenta comunicarse con otras personas –objetivo logrado, como he dicho, hasta cierto punto- y no puede ver sus caras, sus reacciones, gestos, ni siquiera sus miradas (“mirada”: gran develadora de estados anímicos, pensamientos… ¡secretos!)

Digo “por lo general” porque una solución a esta falencia en la comunicación habría quedado minimamente compensada gracias a las cámaras web. Aunque, esta compensación estaría siempre supeditada a la calidad de dichos aparatitos. En numerosas ocasiones, sería preferible no ver nada a ver esa mancha, ese conjunto casi abstracto de contornos indefinidos y esfumados que pretenden ser una imagen del individuo que, uno cree, está del otro lado.

La cuestión es que me he dado cuenta, que mientras utilizo el Messenger estoy totalmente inmersa en Jajejilandia… últimamente mis ideas no pueden trascender sus límites… yo no sé si la culpable es Internet y sus daños colaterales, con sus consecuentes “horasculoaplastado” y “ojosirritados”, o si es, peor aún, un problema propio, innato… Más allá de relaciones causales posibles, me he percatado de que me encuentro encerrada en esta tierra extraña, de por más jocosa, y jotosa. JA JE JI JO JUA