Carla de Oyarbide
Hoy ha sido de esos días que si uno pudiera borrar del derrotero de su existencia, lo haría... y no es tanto por lo de afuera, sino más bien por lo de adentro -siempre es lo de adentro-. Sé que puedo culpar a ciertas cuestiones fisiológicas y que hacen a mi calidad de "sexo femenino", pero bueno, siempre hay algo más... por desgracia.
Sólo acudo a buscar algo que alimente mi espíritu y le recuerde lo esencial... para no marearse por la bruma y ahogarse en el fango de este mundo... Y en la búsqueda virtual -aunque, paradójicamente, visceral- me encontré con este texto (más que un texto, palabras sabias e inmortales) que aquí transcribo:

¡Que todos los seres sean felices, cualesquiera sea su naturaleza!

Débiles o poderosos, sin excepción alguna, largos o grandes de cuerpo,

medianos o pequeños, toscos o delicados; los que se ven y los que no se ven,

los que están cerca y los que están lejos, los nacidos y los por nacer,

¡Que todos los seres sean felices!

Que nadie engañe nunca al otro,

ni le desprecie por ningún motivo,

ni se deje mover por ira ni por odio a desear el mal de otro ser viviente.

Igual que una madre que dará la vida

por su propio hijo, por su único hijo,

ábrase el ánimo sin límite alguno, rebosante de benevolencia

para con todo el mundo y en todas las direcciones,

arriba, abajo, alrededor,

sin odio, sin enemistad, sin reserva alguna.

Buda

OM

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