Carla de Oyarbide

Con sólo leer el titular de esta noticia mis labios se accionaron automáticamente y esbozaron una risita muy mona en mi rostro… Dupla de términos nunca mejor utilizada: “risita mona”, y sí, yo también soy Mono (según el horóscopo chino soy un simpático y escurridizo primate –no tengo dudas de ello-).


Parece que recientemente, me han visto por la India haciendo de las mías…


¿Cómo?


Y sí, como poco tenían los hindúes con los huracanes, los ciclones, las inundaciones, los tsunamis que han padecido, la pobreza que azota a gran parte de sus habitantes, los problemas políticos y/o económicos, etc., etc., ahora se les suma un nuevo inconveniente, diría más bien, un nuevo –o no tan nuevo- enemigo: los monos.


Esto que suena a chiste, no tiene nada de chistoso: “Monos fuera de control asaltan a los habitantes de una zona al noreste de India para robarles sus teléfonos móviles e irrumpen en las casas para tomarse bebidas de las neveras”, así informa la agencia internacional de noticias AFP sobre la situación que están padeciendo cientos de personas, principalmente, en el estado de Assam, en la India.


Hace tiempo que se viene alertando sobre la posibilidad de que algo así ocurriese. Se lo temía ya que debido al aumento desmedido de la deforestación en la zona, los monos se han podido acercar cada vez más a las áreas habitadas por sus “hermanos mayores” (¿o menores?), los seres, autodenominados, humanos.


Ahora que lo leo en las noticias me siento algo aturdido: nosotros, los monos, nos hemos contagiado, tomado como pauta viable de vida, enfermado hasta las garras e incorporado hasta la médula espinal las costumbres modernas humanas. Nos hemos convertido en consumistas –usamos teléfonos celulares- y ladrones -los robamos-.


Por ende, estamos perdidos, absolutamente perdidos.


Y a tal grado estamos perdidos que no sólo somos ladronzuelos de feria y nos embriagamos o empachamos, sino que también queremos Violencia –no podemos ser menos que nuestros hermanos mayores-: “los primates incluso han llegado a abofetear a mujeres cuando han intentado echarlos de las casas".


Ya no más mono saltando de árbol en árbol. Ya no más mono despiojándose a la sombra. Ya no más mono comiendo hojas verdes y frescas o, en su defecto, insectos –es decir, papando moscas-. Ya no más.


Ahora monos con celulares… ¿Es novedad? A lo mejor ya hayas visto algún que otro espécimen equipado con tecnología de última generación por la calle, en los bares, en los automóviles de la ciudad, incluso en los supermercados-.


Monos que roban celulares… ¿Habrán ideado también un mercado paralelo ilegal? Imaginá por un momento a estos simpáticos monitos truchando los móviles en húmedos cuchitriles, cigarro de por medio, con ojos chispeantes entornados, y haciendo transacciones poco felices, sólo iluminados por una tenue luz vacilante de lamparilla eléctrica barata y amarilla… Qué escena un tanto surrealista. Y mona, por cierto…


Monos que asaltan las neveras –también me parece una película ya vista-…


En fin, ni siquiera nosotros –los monos- nos hemos salvado de la fiebre consumista. Ni siquiera nosotros –los monos- estamos libres de caer presos por las garras de la violencia. Ni siquiera nosotros –los monos- dejamos de ahogar –o enmascarar- toda frustración y dolor en ciertas sustancias líquidas… o sólidas.


Los monos estamos perdidos. Todo está perdido.


;)