El día que tus pies desnudos reencuentren la frescura de la hierba,
y te inunde el aroma de praderas mansas,
cuando tu mirada se vuelva etérea ante la luz del sol que traspasa follajes,
y los grillos, cantando, enamoren dulcemente a tu alma.
Entonces, como si ya todo hubiera terminado,
solo la vida en su magnífica y desnuda simpleza
dará sentido a tu tiempo.
Y querrás compartirlo, y la poesía que emane de tu piel
contagiará a los que te rodeen.
Pero tarde o temprano, viendo como el gris mundo del hombre
sigue girando y girando, un aire de tristeza llenará tu espacio...
Hasta que un buen día gritarás, tan silenciosamente
que todos habrán de oírte, y entonces despertarán.
Respirando profundamente dejarán sus enloquecidas
carreras, se quitarán los zapatos, abrirán sus ojos
verdaderos y por fin nuevamente,
verán el sol brillar...
y te inunde el aroma de praderas mansas,
cuando tu mirada se vuelva etérea ante la luz del sol que traspasa follajes,
y los grillos, cantando, enamoren dulcemente a tu alma.
Entonces, como si ya todo hubiera terminado,
solo la vida en su magnífica y desnuda simpleza
dará sentido a tu tiempo.
Y querrás compartirlo, y la poesía que emane de tu piel
contagiará a los que te rodeen.
Pero tarde o temprano, viendo como el gris mundo del hombre
sigue girando y girando, un aire de tristeza llenará tu espacio...
Hasta que un buen día gritarás, tan silenciosamente
que todos habrán de oírte, y entonces despertarán.
Respirando profundamente dejarán sus enloquecidas
carreras, se quitarán los zapatos, abrirán sus ojos
verdaderos y por fin nuevamente,
verán el sol brillar...

