
Podríamos haber salido. Si te ví llegando a casa y pasandóme a buscar, y luego en el cine con un paquete de pochoclos compartido mientras en la pantalla daban el último estreno de suspenso, y una jovencita detrás nuestro abría su caramelo en el momento menos oportuno, aquél en que el asesino está por dar su cara o, lo que es peor, habla por primera vez y hay que reconocer si esa voz pertenece al rubio, al morocho o al viejo, y tu sonrisa que se disparaba en la sala mientras me mirabas con complicidad, y varias personas de adelante volteaban la cabeza para ver quién había osado reír en ése momento tan poco oportuno.
Momentos poco oportunos. ¿Cuándo es oportuno y cuándo no?
Podría haber sido oportuna. Y no lo fui, o sí quizá...
Podría haber sido oportuna. Y no lo fui, o sí quizá...
Podría haber callado. Pero me vi angustiada, otra vez con los ojos vacíos clavados en la pared también vacía de la habitación y no lo quise, no otra vez.
Podríamos haber viajado. Si sentí el sol de Misiones o del Brasil sobre mi piel mientras leías el folleto informativo del hotel o ideábamos nuestra próxima excursión gasolera y algunos niños de piel oscura o clara jugueteaban alrededor y las olas llegaban como ráfagas a la orilla, sin tregua.
Sin tregua, ¿quién debe dar una tregua a quién?
Quizá no tendría que haberte dado tregua, y te la dí...
Podría haber disimulado. Y me vi temblorosa mientras vos me presentabas a "tu amiga", y sólo corría para que no me vieras llorar, no lo quise, tampoco esta vez.
Podríamos haber hecho tantas cosas. Si te vi entrando en casa de mi hermana, y mis sobrinos jugando a más no poder con vos, si te vi en un asado de domingo hablando perspicacias o necedades con mi cuñado, si te vi en la salida de la biblioteca, del teatro, de la panadería, de la frutería, de una escuela, de una iglesia, de una casa.
Podría haberte escrito poesías, malas, cursis o geniales. Y así lo hice.
Podríamos habernos casado. Si te imaginé llegando del trabajo, y yo esperándote con la comida, calentita, en alguna noche fría de invierno, bien típica de esta ciudad. Si casi podía ver tu sonrisa, al entrar a casa y escuchar tu voz animada diciendo que hoy había sido un buen día, a pesar de todo... porque yo te esperaba con la noticia de otro descuento logrado en el súper, o del llamado de tu amigo por la tarde contándome de sus últimas vacaciones en el Sur, o de una nueva vida en gestación... en mi vientre.
Podría haberte amado. Y te amé.
Sólo esto me queda después de tantos "podríamos" que no cuentan: un no silencio, una carencia de disimulo, alguna mala poesía y otro inútil amor en solitario.

