Carla de Oyarbide
Hace tiempo que me ronda esta idea en la cabeza... "Enfrentar el vacío"... Y todavía le doy vueltas al asunto: qué significará, realmente, enfrentar el vacío.
Sólo creo saber (desacierto, ¿tal vez?) que no es fácil.

¿O si lo es?

A lo mejor, es lo que vengo haciendo desde el mismo instante en que nací: enfrenté el vacío, me precipité al vacío (no creo en la posibilidad de haberme precipitado desde el vacío): yo ya "estaba" o era. Eso es lo único que sé -y que cada vez se va arraigando más fuertemente en mí-.

Tengo recuerdos de mi infancia, y tengo vacíos.
Era niña y sabía que podía... sentía que todo, absolutamente todo, estaba al alcance de mi mano, porque mi interior era de algún modo vacío... pero era hermoso. Era sentir.

Hoy me da vuelta en la cabeza esta frase y algo se contradice, se contrapone... se extraña. Se me agolpan imágenes internas, sensaciones de aquél tiempo cuándo sabía que enfrentar el vacío era algo natural, y no me resultaba ajeno, dudoso o, incluso, atemorizante...
Sensaciones que se han ido ensuciando con el paso de los años... desde el momento en que creí que tenía que haber algo más que el mero vacío, que incluso debía enfrentarlo o que debía temerle...

No, el vacío no se enfrenta... Uno no debe enfrentarse al vacío como en una lucha... No es, de un lado del ring el vacío, del otro lado, mi yo... Estamos del mismo lado: del lado del vacío.
Debo rendirme al vacío... o dejar que el vacío se rinda en mí...

En fin, ¿quién sabe?