Hace ya más de un par de meses que los políticos –de toda clase y estofa- están lanzados de lleno en su campaña política. Hay algunos de ellos que han dejado en “stand by” sus actuales funciones de representante legislativo o símil para pasear su rostro renovado y trajecitos sastre por las principales ciudades del mundo…
Hay otros que, si bien también han cambiado, retocado o mejorado (algo) su imagen para estar más al tono con las exigencias estéticas que reclama esta época de pura apariencia y nada de sustancia, lo sobrellevan un poco menos pomposamente.
Más allá de esas imperceptibles anomalías (¿dónde se vio que un presidente en sus funciones se encargue de hacer campaña para su esposa? ¿O que un gobernador hiper cuestionado en su propia provincia siga adelante diciendo que está 100 por ciento preparado?)… Digo, más allá de estos hechos fortuitos, pequeños percances que hacen de nuestra querida Argentina lo que hoy, grandiosamente, es… ¿Qué cominos me importa ver tu cara por todas partes? No quiero mi ciudad ni mi provincia ni mi país empapelados con tu cara sonriente, seria o frígida. Miles de pesos, dinero –que sabrá Dios de donde sale realmente- diluido en tinta de imprenta… Y nuestros chicos y abuelos se siguen muriendo de hambre…
Yo, como ciudadana que está a punto de emitir su voto, de hacer una elección, quiero, por lo menos, como mínimo, ver tus propuestas, tus ideas, tus políticas… no me importa tu foto –todas tan horrendas, todas tan poco naturales…-
Imagino las sesiones de fotos:
-Fotógrafo: A ver, a ver, Señor/a X, mire un poco hacia la izquierda, por favor, levante más el mentón… Así, sí… mmm, no, a ver sonría un poco, tenemos que dar una imagen más amigable…
-Candidato X: ¿Así está bien?
-Fotógrafo: A ver, Luisita vení por favor, vení a retocarle un poco el maquillaje al Sr/a…
-Candidato: ¿Bueno, pero no dijo usted que se puede retocar después?
-Fotógrafo: Sí, sí… pero igual tenemos que tratar de que ya salgan bien, hay que cuidar el maquillaje, las luces… A ver, probemos desde este otro ángulo…
¡Qué porquería!! Me da mucha gracia...
No me interesa ver tu primer plano patológico, ni los poros abiertos de tu piel ni el botox recién inyectado… quiero ver tus propuestas –y no metiéndome en tu sitio web, sino al alcance de todos, ¿algo en esos mismos afiches tal vez?-. Quiero ver, saber de algún modo, enterarme de tu plan de gobierno, de que políticas pensás implementar para resolver o, cuanto menos, menguar los problemas más acuciantes, esos que hace años, décadas que no se solucionan: cómo pensás disminuir la pobreza, lograr una mayor igualdad y mejor reparto de la riqueza, terminar con la inseguridad, lograr que haya salud, que haya insumos en los hospitales, que los maestros cobren un salario digno, que ir al supermercado no sea una carrera contra los precios, que el sistema impositivo no siempre perjudique a quiénes menos tienen, que no haya tanta brecha entre los ingresos y los egresos, etc., etc., y miles de etcéteras más…
Repito, no me importa tu cara, quiero ver tus propuestas. Y tampoco quiero meras enunciaciones color rosa, quiero políticas en concreto, estrategias viables, políticas de verdad…
¿O te creés que porque tengas una cara así o asá, me vas a convencer?
¡NO!!!!


