Carla de Oyarbide
Los supermercados modernos son, sencillamente, patéticos. Sobre todo los argentinos y en esta época tan poco estable en la que estamos viviendo. Entrar en uno de ellos es ingresar a un mundo cerrado, repleto de ruidos insoportables, gente deambulante y un sinfín de góndolas y estantes saturados de cajitas, paquetes, plástico, nylon y, claro, alimentos y “alimentos” en su interior.

Un supermercado es un mundo, y estar allí es sentirse un poco Alicia en el país de las Maravillas… (What??) Sí, es sentirse un poco allí por la atmósfera un tanto fantasiosa -fantasmagórica- que envuelve el lugar, por esa sensación de irrealidad que te provocan esas luces malditas, que bien puestas están, ya que logran cabalmente con su cometido: adormecerte e hipnotizarte un poco más para que compres sin pensar, para que llegue un punto en el que no sepas bien ni que estás haciendo ni quién sos...

Y sí, te quieren vender una realidad irreal de mil maravillas...

Por esto mismo estar en un “templo de los víveres y otros objetos no tan necesarios” tiene su calidad de imagen "impresionista": todo y todos parecen dibujos -un tanto difusos, vaporosos, fugaces-.

Pensé en Alicia y en su país… y en realidad, no sé bien porqué… Será por ver tanta sucesión infinita de infantes por doquier que no pude dejar de pensar en ciertos "cuentos infantiles"...

Calculo que sólo se puede comparar un supermercado –donde consumí la bella tarde tormentosa de ayer- con el país de las Maravillas, si se lo mira después de un terremoto, de una devastación o de un incendio fulminante...

Diría más bien entonces que un supermercado es el país –o poblado- de las ardillas (todas con sus miradas entre sorprendidas y cansadas, bocas glotonas y de grandes dientes incisivos, ¡listos para hincar!) o, podría decir que es el país de los malvaviscos (así, bien yankies y atestados de azúcares y colorantes).

En fin, no sé pero se me apareció el cuento inmortal (que tanto ha dado que hablar) de Caroll –sólo como otro ejemplo del incongruente funcionamiento de mi mente-. Busqué los capítulos en que se divide la historia, modifiqué sus títulos un poco -de cualquier modo, intenté conservar cierta similitud sintáctica y fónica, alguna rima asonante al menos, aunque, más allá de inusitados esfuerzos, en algunos ítems no lo logré como quería- y elaboré mi propia lista de capítulos por el país de las ardillas, o de los malvaviscos. He aquí como quedó:

La Original:

1. Descenso por la madriguera

2. En un mar de lágrimas

3. Una carrera en comité y un cuento largo y con cola

4. La habitación del Conejo Blanco

5. El consejo de una Oruga

6. Cerdo y pimienta

7. Una merienda de locos

8. El croquet de la Reina

9. Historia de la Falsa Tortuga

10. La Cuadrilla de la Langosta

11. ¿Quién robó las tartas?

12. La declaración de Alicia.

Mi lista del súper:

1. Ascenso por la escalera –para entrar-

2. En un mar de personas

3. Una carrera contra los precios y un cuento largo y con cola.

4. La perdición del Cajero Banco.

5. El cortejo de una Chusma.

6. Cerdo y pimienta

7. Una mañana, tarde o noche de locos –según la hora a la que vayas-.

8. El malabar de la Ama (de casa).

9. Historia de la Falsa Oferta.

10. La Cuadrilla de la Caja.

11. ¿Quién me robó las últimas monedas?

12. La maldición de Doña Rosa.

;-)