Carla de Oyarbide

Espacio amplio. Oscuridad. Reflectores arriba, reflectores abajo. El piso, las plantas de los pies. Gente sentada, me están mirando, pero yo no a ellos. Yo sólo estoy en mi piel, y en los latidos de mi corazón que se aceleran.

Silencio.

Mantener la mirada periférica, abierta. Actitud… es cierto, sólo es una cuestión de actitud. Si yo me la creo, hago que ellos también se la crean, todos lo podemos creer, si queremos. Es un acuerdo implícito, tácito, pero imprescindible para este juego.

Así de sencillo.

Música.

Pura transmisión, puro contagio.

Ellas están conmigo, y sentimos la conexión. Somos un ser. Todas somos una. Es energía, es magia, es movimiento. Es creación. Cuerpos libres. Desplazamientos. Me penetra como un dardo. Me dejo envolver, llevar…

¿Una tribu? Algo parecido, una tribu moderna… Somos libres, en estos quince, veinte o media hora, somos libres… que sé yo cuánto habrá durado, ni me importa… qué se yo que habrá resultado, que es lo que habrá salido… tampoco me importa…siempre depende de tu ojo, que lo miraste sentadito allí, en las gradas, mientras yo jugaba a ser… ¡miento! Vos también fuiste, fuiste parte, parte y todo.

Todavía siento la vibración en el cuerpo, todavía siento esa plenitud interna, todavía soy ese algo que es pura expresión, no sé si mujer, no sé si piedra danzante, si títere o animal, no importa. Sólo fuimos. Sólo creamos eso.

Fue hermoso, realmente mágico.