Si los “gorditos” o “rellenitos” fueron siempre uno de los blancos predilectos de las bromas y palabras hirientes de los desalmados, con la nueva investigación llevada a cabo en conjunto por
El estudio científico que demandó casi 32 años para llegar a la conclusión de que la obesidad puede ser contagiosa socialmente se publicó ayer en el New England Journal of Medicine.
Un momento: ¿la obesidad contagiosa socialmente? Esto sí que es extravagante…
Al ser socialmente contagiosa los medios de “infección” no sólo pueden ser los amigos, sino también los padres, hermanos o cónyuges. Ahora entiendo eso de que las parejas casadas engordan: no sólo por que se dejan estar, por los chicos, por que entran en la rutina sedentaria, etc., sino que también los culpables son ¡sus mismos compañeros de alcoba! Al fin podemos estar tranquilos, se ha comprobado científicamente porqué les crecen las pancitas a los hombres o las caderas a las mujeres hasta alcanzar volúmenes estratosféricos: basta con que uno de ellos engorde, para que el otro se contagie –o de puro envidioso nomás- y lo haga también.
Me pregunto: ¿no tendrá nada que ver que ambos componentes de la pareja compartan ritmos y estilos de vida, formas de alimentación, momentos de ocio, etc.?
El estudio que analizó los comportamientos vitales y sociales de más de 12 mil adultos –que oficiaron, literalmente, de chanchitos de indias- reveló textualmente que: “si tienes un amigo obeso, las posibilidades de que subas de peso aumentan en un 57 por ciento, si, en cambio, tienes dos amigos con sobrepeso, el efecto es todavía mayor y las posibilidades de aumentar de peso suben en un 170 por ciento”.
Supongo que después de leer estas líneas no serás tan supersticioso de no llamar ni ir a visitar más al “Gordo”, a “Porky” o a la “Chanchi”… no, por favor, la amistad no mide nada, y mucho menos, las masas corporales…


