Carla de Oyarbide
Como un síntoma más de la falta de seguridad en uno mismo, de la desconfianza (tanto propia como ajena), del cinismo y de la estupidez más cobarde, el espionaje virtual atrae cada vez a más adeptos.

Sí, parece que los celos más extremos (siempre enfermizos e inconducentes) de los supuestos “enamorados” y/o la persecución más obstinada de los mismos, ha llegado a niveles impensados (o soñados) sólo un par de décadas atrás.

Es que hoy en día el espionaje de aquéllos individuos que temen que sus parejas les sean infieles ha aterrizado de lleno en el mundo digital e incluye, dentro del menú ofrecido por los sabuesos virtuales, las siguientes opciones: robar las contraseñas de e-mails u otros sitios, tener acceso a las conversaciones del Messenger, averiguar las páginas visitadas u obtener directamente archivos y documentos de las sospechadas parejas.

Así lo han contando varios investigadores privados quiénes aseguraron además que en este último tiempo la demanda de este tipo de averiguaciones ha ido en notable aumento.

La verdad no sé por que se teme tanto a la infidelidad por Internet… si la deslealtad conyugal siempre ha existido y siempre existirá, con o sin el auxilio de la Gran Red… que parece pesca cada vez más víctimas infieles entre las garras cibernéticas de su trama.


¡Cuidado infieles del Siglo XXI que el gran periscopio digital también puede cernirse sobre ustedes!!