¿Quién se acuerda hoy en día de la letra manuscrita?
¿Habrá quedado algún extraño espécimen en este mundo que todavía practique caligrafía por “motu proprio”? -Exceptuando, obvio, aquellos que siguen la carrera de calígrafo público que la tienen dentro de su plan de estudios, claro que su práctica ya no es por propia voluntad -
Yo no sé si se seguirá dando caligrafía en las escuelas, lo cierto es que no hace tantos años, alrededor de doce, yo tenía caligrafía como materia en el colegio secundario, sí, sí, era una más de las utilísimas materias que había que aprobar, recuerdo que nos hacían usar esas hojas con renglones especiales para hacer las letras como corresponde: claras, esbeltas, bien ligadas y prolijas. Y lo mejor de todo era que teníamos que usar tinta y plumín… todo un Arte… (¿qué quedara entonces para los orientales, su escritura sí que es un arte?!)
Parece mentira que a estas alturas del avance tecnológico todos aquellos que tenemos la bendición (¿bendición?, me fui literalmente al carajo) de tener una PC en casa llevamos casi las 24 horas del día las teclas del teclado (valga la redundancia) pegadas a nuestros dedos. Algunos a los diez dedos, otros a ocho, otros a dos, y otros – los menos prácticos por cierto- tan sólo a uno.
Es como si nuestras huellas digitales tuviesen impresas esas letritas (en imprenta mayúscula) entre sus variadas estrías y espirales, como si el plástico de las teclas y la piel de los dedos fuesen Uno: un solo ente “digital”.
Menos mal que la cantidad de fuentes (estilos de caracteres) que traen los procesadores de texto y demás programas no dejarán morir (aunque sea en el monitor, en una página web, en un documento, y más aún en la hoja impresa luego de terminado su proceso de gestación y alumbramiento) a la letra en cursiva… pienso en
Ahora urge un nuevo e imperioso deseo en mi ser: ir a revolver afanosamente mis añejas carpetas de la secundaria y encontrar alguna hoja de caligrafía –ya amarilla, si no verde - para ponerme a practicar (puedo prescindir del plumín y la tinta… aunque ahora que me acuerdo ¡sé que tengo! ja ja) y volver sola y enajenada un poco atrás… cuando el arte de la escritura manuscrita aún vivía.


